Una de las últimas películas del género de terror que más me ha llamado la atención. No hace mucho que se estrenó en España, creo. Por un lado refleja con mucho acierto el lado desagradable de lo cotidiano, el malestar que produce el invierno sueco, en barrios desangelados donde nunca sale el sol. Y por otro, esa relación profunda y poderosa que se desarrolla entre seres marginados, cuyas miradas infantiles están marcadas por una sombra. El amor al monstruo ambiguo, torturado por el hambre y resignado a la soledad. Me voy, que ya he dicho demasiado...
La tradición precristiana del Midsommarafton,de la que se tiene conocimiento al menos desde el siglo IV, se celebra durante el solsticio de verano,el día más largo del año, donde en zonas más allá del círculo Polar Ártico incluso no llega a ponerse el sol. Una fiesta pagana que la iglesia católica quiso integrar en su calendario haciéndola coincidir con el día de San Juan Bautista. Originariamente pudo ser una festividad dedicada a la fertilidad o a alguna diosa nórdica, Freja o Hertha. En este día, el agua se hace sagrada, y si ruedas desnudo sobre el rocío, se fortalece tu cuerpo y sanas de tus enfermedades. Cuenta también la tradición, que recogiendo flores de 7 especies diferentes y colocándolas bajo la almohada, es posible ver en sueños los rostos de todos tus amantes futuros. Ayer asistí a una escena típica: El levantamiento del palo cubierto de flores, música de violín y danza con trajes regionales, nubarrones de tormenta, unos minutos de paciencia bajo los paraguas...y abandono absoluto y definitivo.
Hoy no atravieso el mismo bosque. Apenas lo reconozco. La niebla ha levantado,y el sendero ya no rezuma barro y agua. Hoy los árboles no recortan su maraña de ramas, como espinas, contra un cielo pálido. No veo troncos partidos, ni musgo sobre las piedras. No hay caminantes ni perros. Estoy solo. La noche trajo una tormenta de nieve y hoy sale el sol a un cielo raso, azul entero. Se asoma a la inmensidad clara, convirtiéndola en brillante polvo de estrellas. Enormes abetos ceden al peso de la blancura. Entonces, desde tiempos remotos, recupero tu imagen y pienso que esta debería ser tu casa. Tú, testigo, espía de los vivos. Parecías inmóvil, y no eras sino un vagabundo errante buscando refugio. Te escondías. Si te miraban te herían, y escapabas deslizándote despacio, invisible, ofreciendo solamente los rizos de tu pelo, la espalda vencida. Llegaste a mí mientras te ibas. Un instante me cruzé con tus ojos asustados, necios, puerta cerrada a un corazón cerrado. Dama melancólica, si pudiese te daría este templo blanco, el hogar vacío y bello que persigues. Aquí estarías bien, princesa esquiva, dejando huellas leves en este paraíso helado que todo lo cubre y todo lo calma, hasta tu vergüenza. Tu sombra danzando para siempre entre retículas de luz sobre la nieve pura.
No sólo ha sido Mike Oldfied el que se ha inspirado en la azarosa vida de María Estuardo. Y no es de extrañar, porque le sobran ingredientes para el drama y la aventura.
No sé si merecen los poderosos de la Historia nuestra admiración. Al fin y al cabo, son con frecuencia sus caprichos -y no siempre su esfuerzo, su sentido común o sus buenas intenciones- los que arrastran al pueblo a la desgracia, sin pedir permiso siquiera. Ya dijo alguien, con acierto, que el poder es como el alimento. En cuanto se toma, se convierte en mierda, al margen de partido o religión.
Pero volviendo a María de Escocia, pienso que su vida es cuando menos, digna de atención. Desde su nacimiento luchó hasta el final por jugar bien el papel que le fue asignado en unas circunstancias en las que todos los vientos venían en contra. Fue coronada con prisa a los 9 meses de edad cuando su madre, María de Guisa se retractó del pacto por el cual se prometía a la pequeña con Eduardo, el hijo de Enrique VIII de Inglaterra. Desde el momento en que con sus diminutas manos agarraron con fuerza el cetro fue presa de una oscura maldición. El ejército de Enrique VIII la persiguió sin tregua, dejando un rasto de sangre por tierras escocesas para secuestrarla, hasta que a la temprana edad de 5 años fue necesario enviarla a la corte francesa, que por entonces era un país aliado de Escocia, a condición de convertirse en la prometida del heredero de Enrique II de Francia. Allí transcurrieron diez años de paz en la vida de María, probablemente los únicos, recibiendo todo tipo de atenciones. A los 15 años se casó según lo pactado, con el que un año después sería Francisco II, rey de Francia. A los 18 años pierde María madre y esposo. Ésto conlleva la retirada del apoyo francés a la causa escocesa. María regresa sola a Escocia, demasiado joven para afrontar la difícil situación del país: Litigios entre protestantes y católicos, y sobre todo, la amenaza que suponía para su prima Isabel I de Inglaterra el hecho de que María tuviera derecho de sucesión a la corona inglesa. En contra de la voluntad de Isabel, María contrae matrimonio con su primo Lord Darnley. Desgraciadamente, éste se convierte pronto en su mayor enemigo. En su deseo de ser rey, la ataca para que aborte cuando estaba embarazada de su hijo Jacobo. Y se cree que tuvo que ver en la muerte del secretario (y tal vez amante?) de la reina, David Rizzio. Lord Darnley aparece muerto en 1567 -tal vez a manos del conde de Bothwell- cuando se recuperaba de sífilis en una casa de reposo. En Escocia estalla una rebelión protestante encabezada por el propio consejero y medio hermano de María Estuardo, el conde de Moray. Posteriormente, fue raptada por el conde de Bothwell, y posiblemente forzada a casarse con él. Después del matrimonio, la nobleza se alza contra ellos. María es arrestada y obligada a abdicar en su hijo Jacobo. Durante este encierro sufre un aborto de gemelos. Se escapa en 1568 disfrazada de lavandera. Organiza un ejército con la intención de recuperar su trono, pero fracasa, y es apresada por orden de Isabel. En un principio es juzgada por la muerte de Lord Darnley, hecho que no se pudo probar. Permaneció 18 años en prisión, y fue finalmente culpada de traición contra su prima Isabel y decapitada a los 45 años, vestida de rojo, declarándose mártir católica. Las dos reinas no llegaron a conocerse en vida, pero sus sepulcros son ahora vecinos en la abadia de Westminster.
"En mi final está mi comienzo" era el lema heredado de su madre, que María hizo suyo. Y así fue. Después de muerta logró hacer perdurar su dinastía. Su hijo sería Jacobo VI de Inglaterra y Escocia.
He recibido este blog de oro de carmen, la condición humana, que por cierto ha diseñado un blog muy original y bonito, merece la pena echar un vistazo, así que animaros, como también son muy recomendables los blogs a quienes paso el blog de oro:
No hay que subestimar el poder de la belleza. No siempre es fácil enfrentarse cara a cara con ella. Algunos especialmente sensibles pueden ser deslumbrados por su abrumadora excelencia y sufrir ataques de vértigo, taquicardia, desmayos o psicosis transitorias. Se trata del llamado sindrome de Stendahl, nombre tomado del escritor francés del mismo nombre que describía una reacción similar en el viajero conmovido profundamente ante la riqueza artística de Florencia.
Acabamos de entrar en el interminable mundo de los síndromes describiendo quizá el más romántico de ellos. Aunque en ese terreno hay también que hacerle justicia al síndrome de Werther, no refiriéndome a la enfermedad de la piel con la misma denominación, sino al intento de suicidio entre los jóvenes después de que un personaje popular se haya quitado la vida, y descrito por vez primera en 1774 tras la publicación de "Las desventuras del joven Werther" De Goethe.
Síndrome es un patrón recurrente de signos y síntomas que determinan un cuadro clínico. Están presentes en todas las especialidades médicas. Conllevan con frecuencia un halo de misterio, o más bien cierto grado de desconocimiento acerca de su fisiopatología y su tratamiento.
Otro síndrome relacionado con la literatura es el de Pickwick, el obeso congestionado de la novela de Dickens, que caía abatido por fulminantes ataques de sueño en los momentos más inoportunos, que no eran sino episodios de apnea nocturna.
El síndrome de Munchausen,que lleva el nombre del famoso barón fabulador, hace casi siempre referencia a la madre que abusa de su hijo, solicitando constantemente atención médica innecesaria para él fabulando o provocando patologías que pueden tener consecuencias muy negativas para el niño (exploraciones y tratamientos innecesarios, y en el peor de los casos la muerte)
Un síndrome fascinante, aunque no muy agradable para quien lo sufre es de Capgraso de Sosias, un trastorno de la identificación en el que el afectado tiene la certeza de que una o más personas de su entorno han sido reemplazadas por duplicados exactos, convirtiéndose así en "dobles" o impostores. Recuerda a más de una película de ciencia-ficción.
El Síndrome de Peter Pan o de la eterna juventud, caracterizado por rasgos de inmadurez, negación del proceso de envejecer. quien lo padece es incapaz de asumir las responsabilidades y compromisos de la vida adulta. Suelen llevarse bien con los síndromes de Wendy, aquellos que adoptan una actitud sumisa por miedo a no ser queridos o aceptados.
Enumero unos pocos más antes de terminar:
Síndrome de Ulises: Conjunto de trastornos psiquiátricos del emigrante asociados al hecho de serlo y las situaciones que por ello debe atravesar.
Síndrome de Doolittle : Pseudopercepciones auditivas que hacen creer que se oyen voces procedentes de los animales, las plantas y otros elementos de la naturaleza.
Síndrome de Tourette: Desorden neuropsiquiátrico caracterizado por tics, movimientos o emisión de vocablos involuntarios y repetitivos. En algunos casos frases inapropiadas, juramentos. Se cree que Mozart, Moliere y Napoleón los sufrieron.
Síndrome de Sjögren o síndrome seco: Trastorno autoinmune caracterizado por sequedad de ojos, boca y glándulas sudoríparas. Relacionado con enfermedades reumáticas.
Síndrome de Estocolmo: Estado psicológico en que la víctima de un secuestro desarrolla un vínculo emocional con su agresor. Como todo el mundo sabe, le debe el nombre a un caso de robo a un banco sueco en los años 70, donde los rehenes, después de unos días retenidos, acabaron mostrando afecto por sus secuestradores.